Buenos Aires, noche de sábado y una turista norteamericana
Anoche (sábado) conocí a una mujer especial. Un encuentro inolvidable por varias razones.
Ella había publicado un aviso en una página web, describiéndose como una BBW (big beautiful woman) que iba a visitar Buenos Aires en enero y deseaba una relación informal con un hombre de aquí.
Respondí a su aviso pero no tuve respuesta, hasta que el viernes pasado me escribió preguntando si aun estaba interesado en encontrarnos.
Le respondí que sí, y le dejé mi número de teléfono para poder coordinar el encuentro.
No me volvió a escribir y tampoco llamó. Le volví a escribir diciéndole que la estaba esperando.
Pasó todo el sábado hasta que cerca del atardecer recibí su mail donde me pedía disculpas porque había estado en Colonia, Uruguay, todo el día y recién volvía. Preguntaba si aun había posibilidades de encontrarnos.
Le respondí que dependía de ella, que yo estaba dispuesto y libre.
Inmediatamente nos comunicamos por medio del messenger, y unos minutos después me llamó por teléfono.
Quedamos en encontrarnos cerca de mi casa, en una esquina, adonde ella llegaría en taxi. Yo estaría esperándola allí. Ya habíamos intercambiado fotos así que los dos sabíamos con quién nos íbamos a encontrar.
A la hora acordada llegó, nos dimos un abrazo cálido y fuimos a un bar a tomar algo.
La idea era esa: tomar algo, charlar un poco y si había afinidad tener un poco de sexo y nada más. NSA (no strings attached), así se conoce a este tipo de relaciones en inglés.
Ella tomó un Baccardí con coca, y yo una copa de vino cabernet. La charla resultó muy interesante ya que a los dos nos gustaba el mismo tipo de música. Ella toca el saxo, yo la guitarra. Hablamos de poesía, de Bob Dylan, de John Prine, de música en general y de tantas otras cosas.
Vive en Oakland, California, y estuvo casada cuatro años. Es una mujer hermosa, espectacular, con unos pechos abundantes y una figura contundente. Sin prejuicios de ninguna clase y con buen humor. Nos reímos mucho y después de terminar nuestra bebida fuimos a mi casa.
Le ofrecí un masaje, que aceptó encantada.
Se desnudó frente a mí, pudiendo apreciar su belleza en una fresca noche de verano, silenciosa y mágica. Sus pechos son los más grandes y hermosos que vi en toda mi vida.
Comencé por un masaje en sus piernas, ya que había estado todo el día viajando y caminando por Colonia. Su piel suave vibraba cada vez que la recorrían mis manos. Su respiración se hacía cada vez más jadeante y sensual.
Seguí con un masaje suave por su abdomen, tierno y cálido, tocando suavemente su ingle sin llegar a su pubis, haciéndole desear ser tocada.
Finalmente nos besamos apasionadamente, y comencé a recorrer su pubis con mi lengua, lentamente, mientras ella separaba cada vez más sus piernas invitándome a seguir adelante.
Luego separó con sus dos manos los pliegues ya húmedos de su vagina para que llegara más profundo aun con mi lengua.
Seguí así hasta que llegó al orgasmo, que noté en ligeras vibraciones de todo su cuerpo y en su jadeo sonoro y claro.
Terminamos con besos y abrazos, y después de pasar al baño nos sentamos a charlar mientras esperábamos al taxi que la llevaría de regreso a su hotel.
Le pregunté si había tenido alguna experiencia con mujeres y me dijo que sí, y que había sido satisfactoria. Le dije que era un hombre de mentalidad abierta y me gustaba saber eso de ella. Nos reímos.
La acompañé hasta la puerta donde la esperaba el taxi, nos abrazamos una vez más y nos despedimos prometiendo seguir en contacto por email.
No revelaré su nombre por razones obvias pero diré que es un hermoso nombre compuesto, que jamás había escuchado.

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